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Animalario universal del profesor Revillod

Fecha:
11/09/2013
Tenía muchas ganas de escribir sobre el Animalario del profesor Revillod y, casualmente, el otro día leí una entrada de Lo leemos así y vi que Ellen había escrito sobre El pequeño rey, de Javier Sáez Castán. Digo casualmente porque también Sáez es el ilustrador del Animalario y, aunque muy diferentes, El pequeño rey y el Animalario tienen mucho en común. Como escribía Ellen en su entrada, los libros de Javier Sáez Castán “provocan curiosidad, interés, hacen sonreír, reír, querer jugar y sobre todo, querer acompañarle a donde quiera llevarnos en sus libros”. Y resulta que con este álbum sobre animales imposibles de todo el mundo, sus autores consiguen exactamente lo mismo, y nos llevan muuuuy, muy lejos…

El Animalario Universal del profesor Revillod es un álbum del tamaño de una pequeña libreta de notas, que bien podría tomarse por uno de esos cuadernos de campoen que antropólogos, naturalistas, exploradores o viajeros ávidos de lo exótico, describieron y dibujaron especies vegetales, animales, sitios, encuentros, gentes u objetos hallados enlugares extraños y siempre remotos. Y aunque, como nos cuentan sus editores, no se trata de un cuaderno de campo, su contenido sí que parte de los apuntes tomados al natural en las selvas y desiertos del globo por el reputado Profesor Revillod.

Como nos anuncia la cubierta, abrir el Animalario supone adentrarse en un "fabuloso almanaque de la fauna mundial", ilustrado por Javier Sáez Castán y comentado por Miguel Murugarren. Pero antes de encontrarse con estos deliciosos grabados, que representan la friolera de 4.096 fieras diferentes (con la descripción de sus modos de vida), el lector del Animalario va a adentrarse poco a poco en la obra gracias a unosperitextos que, más que informativos, se configuran como elementos narrativos centrales de la obra, pues establecen el tono y anuncian un pacto con el lector que parte deldistanciamiento, la ironía y el juego con la tradición. Si el formato ya nos evocaba los cuadernos de campo, los colores y la ilustración de cubierta nos acercan a las sobrias y solemnes publicaciones científicas del siglo XIX. El grabado de uno de los animales descubiertos por el profesor se sitúa en el medio de la cubierta y queda rodeado por el título y por toda una serie de timbres y sellos que, en un primer momento, no sabemos a qué hacen referencia pero que se nos antojan importantes.

La aparente relevancia científica del profesor queda plasmada en la portadilla. Su retrato se sitúa en el centro de la página, entre los de Plinio el Viejo, Linneo, Buffon y Cuvier, todos ellos personajes históricos, conocidos por haber sido zoólogos, naturalistas o paleontólogos reputados, a quien la ciencia natural debe algunos de sus mayores logros. La preeminencia de Revillod entre estos personajes hace suponer (o quiere hacer creer) al lector que se trata de una figura histórica todavía más relevante. El juego y la ironíacontinúan con el paso de las páginas, de forma que antes de profundizar en esta joya bibliográfica de la zootecnia moderna –como describen al Animalario sus editores–, nos encontramos con un grabado en el que podemos ver al profesor subido a lomos de uno de sus más destacados descubrimientos: el carfante de las junglas de Sumatra. La imagen nos recuerda a las que se tomaban exploradores, antropólogos y colonizadores con el propósito de alzar acta de tal o cual descubrimiento, y la intención implícita de dejar constancia de “haber estado allí”, donde pocos occidentales llegaban.

Además del título completo, en la portada encontramos una descripción del Animalario que, entre otros aspectos, nos explica que tenemos entre manos un compendio de ciencia “profusamente laureado”: “El tesón del autor y el acierto científico de la obra han conseguido que este Animalario Universal del profesor Revillod haya cosechado un merecido reconocimiento en cuantos certámenes internacionales ha participado”. Laexpresión rimbombante y optimista, característica de la fe en la ciencia y en su capacidad para conducirnos hacia un futuro más brillante, mejor y más civilizado, inunda los párrafos del prólogo y las palabras del profesor, las cuales, ahora sí, dejan paso a ese almanaque ilustrado de la fauna mundial.

La primera imagen del Animalario nos muestra a un “formidable paquidermo de majestuoso porte de las selvas de la India”, o lo que es lo mismo: un elefante. Pero lo que llama la atención es que la página –y a partir de ésta también todas las posteriores- aparece cortada en tres. Si hasta ahora el divertimento había consistido en parodiar un determinado estilo y un género científico bien conocido de los siglos XVIII y XIX, ahora los autores juegan con la tradición literaria más experimental del siglo XX. La fragmentación de la página nos trae a la memoria Cent mille millards de poèmes, de Raymond Queneau. Del mismo modo que sucede en ese el experimento de poesía combinatoria, obra de uno de los miembros del Oulipo, el Animalario se construye como un instrumento que permite, a partir de 21 láminas de animales conocidos, componer 4.096 fieras diferentes (junto con sus 4.096 descripciones), a cada cual más extraordinaria. Entre ellas encontramos al Tasibegre (antenado común, cubierto de pelo, de los bosques malayos) o al Ralaguro (gracioso animalillo, de cuerpo adiposo, del desierto de Sonora).

Este juego nos permite componer fieras sorprendentemente extrañas, que muy bien podrían formar parte de algún volumen de criptozoología, esa rama bastarda de la zoología que estudia animales críptidos, cuya existencia cuestionable es ignorada por la zoología al no estar reconocidos, repertoriados y descritos por la ciencia oficial occidental. Animales cuya existencia se establece en base solamente a relatos orales, referencias mitológicas, documentos poco fiables o especulaciones arriesgadas. Y es que el Animalario del profesor Revillod parece más cercano a los trabajos de Bernard Heuvelmans (zoólogo francés, autor de la imponente obra Sur la piste des bêtes ignorées, e inventor del término “Criptozoología”) que a los del barón de Cuvier (promotor de la anatomía comparada y primer naturalista en clasificar el reino animal desde el punto de vista morfológico). Estamos seguros que el profesor Revillod compartiría la furia de Heuvelmans: “En la década de 1950 yo era un zoólogo furioso, indignado por el ostracismo al que la ciencia oficial había condenado a aquellos animales conocidos sólo por los informes de viajeros aislados, o a través de leyendas nativas a menudo fantásticas, o a partir de simples pero misteriosas huellas, o de la recolección de depredaciones a veces sangrientas, o mediante figuras tradicionales, o incluso unas pocas fotografías ambiguas”. Afortunadamente, como reza en el prólogo del Animalario, son mejores tiempos los nuestros, en los que el trabajo del profesor es finalmente reconocido: “Afán de esta institución (el Instituto Revillod) es que queden atrás, para siempre, los tiempos oscuros en los que generaciones ingratas hundían en el olvido a genios que veían que su clarividencia no sólo era incomprendida, sino que los llevaba a una penosa situación de ruina, cuando no de locura”. ¡Cuánto agradecerían estas palabras y el trabajo del Instituto el famoso profesor Challenger o el mismo Heuvelmans!

Pero volvamos al álbum… La ilustración, de acuerdo con el tono de la obra, emula los grabados que ilustraban los libros de zoología antes de la aparición de la fotografía. Las imágenes muestran siempre a la fiera en su medio natural, aunque en algunas, éstas descansan sobre ciertos objetos que no pareciera que debieran estar ahí: libros, botes de gran tamaño de tinta, bandejas, dedales, botellas de leche, etc., juguetean -aún más- con el absurdo, abren la puerta al surrealismo y con ello, a nuevas historias tan sólo sugeridas.

Todos estos elementos y otros tantos que pueblan las últimas páginas del libro, hacen del Animalario del profesor Revillod un álbum sólo apto para viajeros juguetones y soñadores. El Animalario nos lleva lejos, nos hace perder la noción del tiempo y nos abre las puertas de distintas exploraciones, tanto formales como estéticas o históricas. En esas ensoñaciones y viajes, el lector bien puede pasar del recuerdo de un Challenger enfurecido al principio de El mundo perdido, al impulso por conocer más de cerca los entresijos de la historia natural. Ficción y realidad se mezclan en el álbum y posibilitan conexiones en la mente del lector que hacen del Animalario un libro imborrable y que se desborda a sí mismo.

http://lacoleccionista-libroalbum.blogspot.com.es/2013/09/animalariao-universal-del-profesor.html

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Acerca del autor:
Anna Juan Cantavella
La coleccionista

Acerca del libro:
Animalario universal del profesor Revillod
Miguel Murugarren / Javier Sáez Castán