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Cambio de paradigma

Fecha:
31/12/2018
Carreras, Juan José (ed.). Historia de la música en España e Hispanoamérica. Vol. 5: La música en España en el siglo XIX. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2018. 751 pp. ISBN 978-375-0776-7. 

En un influyente ensayo publicado en 1962, Thomas S. Kuhn definió los paradigmas en ciencia como aquellas «realizaciones universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad»1. Con su propuesta conceptual, Kuhn buscaba superar la idea de la acumulación lineal del conocimiento científico y articular un modelo nuevo de desarrollo competitivo entre paradigmas establecidos y emergentes. Cada comunidad académica trabaja con un conjunto de premisas que acepta y que determina en cada época histórica qué es ciencia, qué es susceptible de ser estudiado y cómo debe ser investigado. Solo la sustitución del paradigma establecido —la «revolución científica», sirviéndonos de la expresión que el autor utiliza y enriquece— es capaz de transformar esos horizontes, descubriendo perspectivas diferentes en el campo de estudio.

Sin perder nunca la conciencia del cambio de escala, me vinieron a la mente las viejas reflexiones del norteamericano al terminar la lectura de La música en España en el siglo XIX, volumen quinto de la Historia de la música en España e Hispanoamérica publicada por Fondo de Cultura Económica. En las líneas que siguen, procuraré dar razón de esta asociación mental y justificar una convicción derivada; a saber, que el volumen que reseño —con sus fortalezas y debilidades— es una oportunidad única para renovar en profundidad los discursos sobre el XIX musical español. Igual que los copistas de antaño, vayamos por partes.

Como colofón a un proyecto editorial largamente esperado, La música en España en el siglo XIX completa el primer relato que el siglo XXI dibuja sobre el devenir histórico de la música en nuestro país. Dada la persistente presencia en el mercado editorial español del único precedente comparable2, a nadie se le escapa la trascendencia de la tarea realizada y la huella que presumiblemente dejará esta iniciativa en la musicología nacional. Pese a algunos legítimos reparos que el planteamiento general de la colección puede despertar (y no es menor el propio objeto de estudio que ha escogido), el resultado global merece exámenes equilibrados que lo valoren no solo en sí mismo sino también en su relación con la realidad académica de la que ha surgido, de la que no es un simple reflejo. Esta última circunstancia es especialmente evidente en La música en España en el siglo XIX, cuyo editor y autor principal es el profesor Juan José Carreras (Universidad de Zaragoza); además, el volumen cuenta con colaboraciones de los profesores Celsa Alonso (Universidad de Oviedo), Cristina Bordas (Universidad Complutense de Madrid), Teresa Cascudo (Universidad de La Rioja) y José Máximo Leza (Universidad de Salamanca).

Confieso que, hace ya una década, cuando empezaron a circular noticias sobre el nuevo proyecto editorial y la relación de sus responsables, me sorprendió el papel que asumía en la iniciativa el profesor Carreras. Me resultaba audaz tanto la propuesta de Juan Ángel Vela del Campo, coordinador general de la colección, como la respuesta afirmativa del ya entonces comprometido editor del volumen. Pese a desarrollar su trayectoria profesional en el periodo de creación de la musicología universitaria en España, Juan José Carreras había quedado al margen de la gestión académica y sus glorias para preservar un perfil puramente intelectual, con sólida proyección europea y consolidado prestigio. Al mismo tiempo, a través del magisterio ejercido entre sus estudiantes de doctorado, había dejado una profunda huella docente, formando a algunos de los musicólogos más reputados de las generaciones posteriores. Sin embargo, desde sus primeras publicaciones, su campo de especialización se había identificado principalmente con el siglo XVIII, periodo a cuyo estudio había contribuido con aportaciones fundamentales3. Aunque sus trabajos sobre historiografía musical española4 —que habían resultado decisivos para la formación de la propia conciencia de la disciplina— le habían acercado a autores e ideas del siglo XIX, no podía ser considerado asiduo de un terreno de estudio muy consolidado que, desde principios de la década de los noventa, había experimentado un incremento explosivo de su producción académica. Como el propio autor reconoce, la idea de coordinar el volumen resultaba «tan descabellada como atractiva» (p. 30).

Tras una prolongada gestación de nueve años, el profesor Carreras ha formulado una propuesta historiográfica sobre el XIX español de gran originalidad y solvencia. Consciente de que «la historiografía no es la reproducción de un pasado dado […] sino más bien una producción de sentido que se articula como una narración posible entre otras muchas» (p. 22), el investigador no quiere presentar un simple estado de la cuestión sino que, a partir de una inteligente lectura de la literatura académica y un notable acopio de nuevas fuentes, busca proponer renovados itinerarios por la vida musical del siglo. A partir de esta premisa, estructura el trabajo con dos partes claramente diferenciadas: en primer lugar, un extenso ensayo introductorio que repasa —desde una perspectiva estructural— algunos de los aspectos y funciones principales de la actividad musical en la España del XIX (capítulos 1 y 2); seguidamente, una narración diacrónica del acontecer musical español (capítulos del 3 a 6), entre 1790 y 1914.

En las primeras páginas del ensayo, el autor cartografía agudamente la literatura académica publicada sobre su campo de estudio. Con ello, declara con honestidad su posición con respecto a la tradición historiográfica y prefigura algunas de sus aportaciones. Establecidos estos principios, analiza extensamente cinco pautas de interpretación del siglo: la circulación internacional de los músicos españoles, la constitución del mercado musical, la actividad musical femenina, el fenómeno cultural del concierto y las relaciones entre música y nacionalismo. Dedicado monográficamente a este último asunto, el segundo capítulo contiene los dos ejes —profundamente relacionados— que resultan fundamentales en la argumentación del libro: abandonar el nacionalismo como herramienta interpretativa del periodo y, en consecuencia, huir de la historiografía de la excepcionalidad para integrar a la música española en una red global de intercambios artísticos. Si «el siglo XIX inventó la música española» (p. 21), como se afirma rotundamente en la primera frase de la Introducción, el relato nacionalista en el que se basó tal creación no es la solución sino el principal problema a resolver para una historia de la música actualizada del periodo. Solo liberándose del peso de la tradición historiográfica de corte nacionalista, como hace el autor del volumen con eficacia, se hace posible narrar la historia de la música en el XIX partiendo de la específica experiencia de la cultura española, como «una historia regional en el marco implícito de una más extensa historia global» (p. 49).

Tras desvelar sus claves generales para el periodo, La música en España en el siglo XIX —en la segunda parte— aborda el relato diacrónico de la actividad musical durante la centuria. Desechado el argumento nacionalista, la trama central de la narración reposa sobre la idea de la modernización, de la progresiva transición entre una sociedad musical tradicional a otra en la que pueden reconocerse los rasgos del presente. Al negar la existencia de un modelo normativo de acceso a la modernidad, el profesor Carreras presenta el ejemplo español como uno más entre otros —«tan particular como pueda serlo el alemán o el francés» (p. 25)—, evitando los tradicionales balances negativos que la musicología española ha emitido sobre la centuria. Para explicar el proceso de modernización, a diferencia de las propuestas historiográficas que lo han precedido5, el libro propone una división cronológica del siglo que muestra el paso de «la relativa simplicidad de la articulación de géneros, discursos y prácticas en torno a 1790 (…) a la complejidad de las distintas subculturas musicales establecidas a finales del ochocientos» (p. 50). Con el fin de poner en evidencia la relación entre la cultura musical española del XIX y las corrientes internacionales, se adopta el universalizado long nineteenth century hobsbawniano, arrancando su narración en el reinado de Carlos IV y cerrándola con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Internamente el siglo se estructura con tres hitos temporales, independientes de la historia política, que articulan cuatro capítulos diacrónicos planteados con sana flexibilidad conceptual: 1790-1830: La transición a un nuevo siglo (capítulo 3); 1830-1860: Modernización musical y cultura nacional (capítulo 4); 1860-1890: La construcción de una cultura musical (capítulo 5); y 1890-1914: Perspectivas modernistas del fin de siglo (capítulo 6). Junto al esfuerzo por establecer una periodización de la actividad musical española del XIX —de proponer fronteras cronológicas al siglo— el volumen también reflexiona sobre los límites geográficos de su objeto de estudio. Frente a narraciones que prestan una atención exclusiva a los acontecimientos musicales de la vida madrileña, el volumen demuestra un gran interés por el devenir de la escena musical barcelonesa y por el papel que juega París —gran referencia cultural del periodo— en el desarrollo musical español. No obstante, La música en España en el siglo XIX olvida a la otra capital musical de la España del XIX, la ciudad de La Habana. Consciente de las dificultades que parece plantear su inclusión en el relato, estoy convencido de que la perspectiva cubana será decisiva para una profundización futura en el objeto de estudio.

Mientras que la primera parte del libro se debe en exclusiva a la pluma del profesor Carreras, la segunda sección cuenta con colaboraciones —de desigual extensión— firmadas por cuatro especialistas: con una colaboración puntual, el profesor Leza analiza la recepción de Rossini en los escenarios españoles; en tres apartados, la profesora Alonso resume su conocida monografía sobre la canción española del XIX6; sobre mercado e industrias musicales escribe la profesora Bordas; finalmente, con una intervención decisiva en el conjunto general de la obra, la profesora Cascudo aborda tres asuntos de naturaleza diferenciada (piano «romántico» [sic], drama lírico de fin de siglo y música religiosa) y se responsabiliza en exclusiva del último capítulo del tomo, dedicado a los años que preceden al estallido de la Gran Guerra. Con todo, el editor del volumen soporta el peso principal también de la segunda parte, escribiendo sobre un amplio abanico de asuntos: historia institucional, organización del sistema de teatros, surgimiento y evolución del concierto público, recepción de la música alemana —tanto instrumental como escénica—, la zarzuela y sus mundos… Todos los capítulos del libro concluyen con una bibliografía finamente comentada, utilísima por distanciarse voluntariamente del excesivamente frecuente listado de títulos a beneficio de inventario. Además, el volumen se completa con una pertinente selección de treinta y ocho ilustraciones, cuidadosamente escogidas y oportunamente glosadas.

A diferencia de los tomos que le preceden en la colección, La música en España en el siglo XIX no contiene lo que suelen denominarse ejemplos musicales, fragmentos de partitura que ilustren aspectos tratados en el texto7. Como dudo de la eficacia comunicativa de tales ejemplos, no me resulta una omisión destacada; sobre todo, si consideramos además que el volumen pretende dirigirse no solo a musicólogos sino también a especialistas de otras disciplinas a los que la presencia del texto musical puede resultar intimidatoria. Para esos lectores, hubiese sido conveniente establecer una conexión más robusta entre la exposición y las selecciones discográficas que cierran cada uno de los capítulos de la segunda parte del libro. La divulgación musical —sobre todo ahora, en tiempos de difusión digital y desmaterialización de los soportes— necesita encontrar fórmulas eficaces para relacionarse con los documentos sonoros; particularmente en el caso del repertorio español del XIX, que ha dejado una huella fonográfica muy desigual en calidad, difusión y representatividad. No sería capaz de determinar si La música en España en el siglo XIX es el libro más logrado de la colección del Fondo de Cultura Económica; sin embargo, me atrevo a afirmar que puede ser su volumen más trascendente, ya que aspira a superar un perceptible estancamiento en los estudios sobre el periodo. A partir de la segunda mitad de la década de los ochenta, coincidiendo con la institucionalización de la musicología universitaria en el país, la visión del siglo XIX musical español se vio transformada —de forma radical— gracias a la rica labor investigadora y docente de una nueva generación de estudiosos. Con un fondo ideológico en el que estaba presente la reivindicación nacionalista de nuestro pasado musical, se trató de mostrar —a través de un amplio acopio de datos— la riqueza musical en una etapa tradicionalmente despreciada por la historiografía. Aunque sigue produciendo sus frutos académicos, aquel impulso presenta acusados signos de fatiga. Conforme el paso de los años ha ido debilitando el discurso nacionalista subyacente, no ha encontrado la fórmula para crear un relato alternativo y, en sus expresiones menos elaboradas, muestra una acusada tendencia a lo que podríamos llamar un positivismo localista. En este marco, el volumen quinto de la Historia de la música en España e Hispanoamérica tiene como mérito principal la voluntad de construir una nueva visión del periodo, situando decididamente el discurso dentro de las corrientes historiográficas internacionales. Con la clara intención de vincularse a los estudios de historia cultural, el libro enriquece su relato con perspectivas derivadas de la historia social, los estudios de género y, con un peso destacado en los capítulos iniciales, la historia de los conceptos. Como resultado, se modifica el orden de prioridad y el enfoque de los temas de estudio, se adopta un nuevo estilo discursivo y se apuesta por una visión transnacional de la actividad musical española del XIX.

En el momento de su formulación, es lógico pensar que una propuesta como esta —notablemente disruptiva— solo puede ser planteada por un estudioso individual o por un equipo perfectamente afinado, que comparta una plena complicidad con las metas del volumen. Sin embargo, en las páginas de La música en España en el siglo XIX se percibe en ocasiones una cierta heterogeneidad, entre los diferentes participantes, tanto en la forma de construir el discurso como, en algunas ocasiones, en el fondo del mismo. A mi entender, esta circunstancia, más que enriquecer el resultado final, puede restar eficacia a la transmisión de su mensaje. Sin duda, la disparidad discursiva está asociada a aquello a lo que hacíamos referencia en un párrafo anterior: el responsable del volumen ha ejercido un notable magisterio docente sobre musicólogos dedicados al estudio del siglo XVIII8; paradójicamente, en su aventura decimonónica, el profesor Carreras no ha podido contar con un equipo de colaboradores cercanos, recurriendo auna mezcla entre antiguos discípulos —con los que comparte una mayor cercanía discursiva— y reputadas investigadoras pertenecientes a otras tradiciones académicas. Además, la propia estructura de la obra —en la que las colaboraciones se suceden dentro de los capítulos 3, 4 y 5— pone más en evidencia la distancia en los planteamientos y las formas de contar.

Con todo, la disonancia más grave se encuentra, a mi juicio, en el capítulo con el que se concluye el volumen. Dedicado a las décadas finales del siglo, entre 1890 y 1914, la profesora Cascudo plantea adecuadamente el discurso a partir de los conceptos de modernismo —en su acepción anglosajona— y lo que califica como «folclorización de las identidades» (p. 660). Posteriormente, quizás porque en esos años se produce una parte fundamental del repertorio canónico de la música española, centra su atención en la trayectoria y producción de tres autores escogidos: Isaac Albéniz, Enrique Granados y el joven Manuel de Falla. Esta elección no solo contrasta con el modelo discursivo de los capítulos precedentes sino que, en cierta medida, desmiente el argumento principal del volumen. De algún modo, modernizando las viejas narrativas nacionalistas, puede parecer que el siglo XIX es una preparación para el advenimiento de la auténtica música española, representada por los logros de sus grandes genios. Significativamente, la vida musical madrileña desaparece del relato con lo que se omiten aspectos trascendentales de modernización institucional (fundación de la Sociedad Filarmónica, actividad de la Orquesta Sinfónica y del Cuarteto Francés) y, sobre todo, modelos de modernidad «no folclorizada», como los que se encuentran —por ejemplo— en la obra de Conrado del Campo. Recordemos que el estreno del tercer cuaderno de la suite Iberia (2 de enero de 1908) —tres piezas en las que, según el propio Albéniz, se «lleva el españolismo (…) al último extremo»9— fue prácticamente contemporáneo de la presentación de obras tan significativas del catálogo de Del Campo —y del «otro» modernismo musical español— como el cuarteto de cuerda Caprichos románticos (28 de febrero de 1908) y el prólogo orquestal para la Divina Comedia (26 de abril de 1908). 

Encabezando la partitura de la Divina Comedia, se cita el comienzo del verso que inaugura el primer canto de la obra: «Nel mezzo del cammin…». Igual que el poeta, los estudios sobre la actividad musical española del XIX se encuentran, sin duda, a mitad del camino, pendientes de relacionar internamente un rico y complejo conjunto de repertorios, discursos y prácticas. En el ensayo de Thomas S. Kuhn, que citamos al principio de esta reseña, se señala que los libros que definen un paradigma científico comparten dos características principales: en primer lugar, carecer suficientemente de precedentes como para atraer un grupo duradero de partidarios; en segundo lugar, ser incompletos y, en consecuencia, dejar muchas cuestiones abiertas «para ser resueltas por la redelimitada comunidad científica»10. Como una de las aportaciones más relevantes e innovadoras que se han hecho en la musicología española de los últimos tiempos, La música en España en el siglo XIX es un acercamiento sin precedentes a su objeto de estudio; como texto inteligente y complejo, sugiere infinidad de reflexiones y caminos por recorrer. Lo que ocurra a partir de ahora, la capacidad que tenga el texto para renovar los estudios sobre el periodo, queda ya en manos de la comunidad a la que se dirige.

1 Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas. México D.F. y Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1975, p. 13.
2 Me refiero a López de Osaba, Pablo (dir.). Historia de la música española. 7 vols. Madrid, Alianza Editorial, 1983-1985.
3 Sin mencionar sus numerosos artículos, una relación resumida de sus trabajos sobre el periodo debe incluir su temprana monografía La música en las catedrales durante el siglo XVIII: Francisco J. García «El Españoleto» (1730-1809). Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 1983; la edición y estudio introductorio de El manuscrito Mackworth de cantatas españolas. Madrid, Fundación Caja Madrid, 2004; y la coedición de importantes proyectos colectivos como Music in Spain during the Eighteenth Century. Cambridge, Cambridge University Press, 1998 (con Malcolm Boyd); Concierto barroco: estudios sobre música, dramaturgia e historia cultural. Logroño, Universidad de La Rioja, 2004 (con Miguel Ángel Marín); Música y cultura urbana en la Edad Moderna. Valencia, Universitat de València, 2005 (con Andrea Bombi y Miguel Ángel Marín); y Polychoralities: Music, Identity and Power in Italy, Spain and the New World. Venecia, Fondazione Ugo e Olga Levi y Kassel, Reichenberger, 2013 (con Iain Fenlon).
4 Particularmente su resonante artículo «Hijos de Pedrell. La historiografía musical española y sus orígenes nacionalistas (1780-1980)». Il Saggiatore Musicale, VIII, 1 (2001), pp. 121-169; también la introducción que escribió para la edición facsímil para Soriano Fuertes, Mariano. Historia de la música española, desde la venida de los fenicios hasta el año 1850. Madrid, ICCMU, 2007; y «‘‘Desde la venida de los fenicios’’ The National Construction of a Musical Past in 19th Century Spain». Musica e Storia, XVI, 1 (2008), pp. 65-76.
5 En las que se organiza el estudio del siglo por géneros, omitiendo una propuesta de periodización —como en Gómez Amat, Carlos. Historia de la música española. 5. Siglo XIX. Madrid, Alianza Editorial, 1984— o dedicándole a esta un espacio marginal e irrelevante para el desarrollo del discurso, Casares Rodicio, Emilio y Alonso González, Celsa (eds.). La música española en el siglo XIX. Oviedo, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo, 1995, pp. 31-33.
6 Alonso, Celsa. La canción lírica española en el siglo XIX. Madrid, ICCMU, 1998.
7 Comparte esta característica con los volúmenes que le suceden en la colección; si bien, en estos casos, aparecen reproducidas algunas partituras como ilustraciones.
8 Como puede apreciarse en el volumen 4 de la misma colección.
9 García Martínez, Paula. «El epistolario Albéniz-Malats. El estreno de Iberia en España». Cuadernos de Música Iberoamericana, 17 (2009), pp. 155-193, p. 169.

Acerca del autor:
Fernando Delgado
Revista de Musicología